Chapter IX
Account Of The Personal Habits Of Atahuallpa; Extracted From The Ms. Of Pedro Pizarro.
[This minute account of the appearance and habits of the captive Inca is of the most authentic character, coming, as it does, from the pen of one who had the best opportunities of personal observation, during the monarch’s imprisonment by his Conquerors. Pizarro’s Ms. is among those recently given to the world by the learned Academicians Salva and Baranda.]
Este Atabalipa ya dicho hera indio bien dispuesto, de buena persona, de medianas carnes, no grueso demasiado, hermosso de Rostro y grave en el, los ojos encarnizados, muy temido de los suyos. (Acuerdome que el Senor de Guaylas le pidio licencia para yr a ver su tierra, y se la dio, dandole tiempo en que fuese y viniese limitado. Tardose algo mas, y cuando bolvio, estando yo presente, llego con vn presente de fruta de la tierra, y llegado que fue a su presencia empeco a temblar en tanta manera que no se podia tener en los pies. El Atabalipa alco la caveza vn poquito y sonrriendose le hizo sena que se ffuese.) Quando le sacaron a matar, toda la gente que avia en la plaza de los naturales, que avia harto, se prostraron por tierra, dexandose caer en el suelo como Borrachos. Este indio se servia de sus mugeres por la horden que tengo ya dicha, sirviendole vna hermana diez dias o ocho con mucha cantidad de hijas de senores que a estas hermanas servian, mudandose de ocho a ocho dias. Estas estavan siempre con el para serville, que yudio no entrava dond’ el estava. Tenia muchos caciques consigo: estos estavan afuera en vn patio, y en llamando alguno entrava descalzo y donde el estava; y si venia de fuera parte, avia de entrar descalzo y cargado con vna carga; y quando su capitan Challicuchima vino con Hernando Picarro y le entro a ver, entro asi como digo con vna carga y descalzo y se hecho a sus pies, y llorando se los beso. El Atabalipa con Rostro sereno le dixo: Seas bien venido alli, Challicuchima; queriendo dezir, Seas bien venido, Challicuchima. Este yndio se ponia en la caveza vnos llautos que son vnas trencas hechas de lanas de colores, de grosor de medio dedo y de anchor de vno, hecho desto vna manera de corona y no con puntas, sino redonda, de anchor de vna mano, que encaxava en la caveza, y en la frente vna borla cossida en este llauto, de anchor de vna mano, poco mas, de lana muy ffina de grana, cortada muy ygual, metida por vno canutitos de oro muy sotilmente hasta la mitad: esta lana hera hilada, y de los canutos abaxo destorcida, que hera lo que caya en la frente; que los canutillos de oro hera quanto tomavan todo el llauto ya dicho. Cayale esta borla hasta encima de las cejas, de vn dedo de grosor, que le tomava toda la frente; y todos estos senores andavan tresquilados y los orejones conio a sobre peine. Vestian Ropa muy delgada y muy blanda ellos y sus hermanas que tenian por mugeres, y sus deudos, orejones principales, que se la davan los senores, y todos los demas vestian Ropa basta. Poniase este senor la manta por encima de la caveca y atabasela debajo de la barva, tapandose las orejas: esto traia el por tapar vna oreja que tenia rompida, que quando le prendieron los de Guascar se la quebraron. Bestiase este senor Ropas muy delicadas. Estando vn dia comiendo, questas senoras ya dichas le llevavan la comida y se la ponian delante en vnos juncos verdes muy delgados y pequenos, estaba sentado este senor en vn duo de madera de altor de poco mas de un palmo: este duo hera de madera colorada muy linda, y tenianle siempre tapado con vna manta muy delgada, aunque stuviese el sentado en el: estos juncos ya dichos le tendian siempre delante quando queria comer, y alli le ponian todos los manjares en oro, plata y Barro, y el que a el apetescia senalava se lo truxesen, y tomandolo vna senora destas dichas se lo tenia en la mano mientras comia. Pues estando vn dia desta manera comiendo y yo presente, llevando vna tajada del manjar a la boca le cayo vna gota en el vestido que tenia puesto, y dando de mano a la yndia se levanto y se entro a su aposento a vestir otro vestido, y buelto saco ves tido vna camiseta y vna manta (pardo escuro). Llegandome yo pues a el le tente la manta que hera mas blanda que seda, y dixele: Ynga, de que es este vestido tan blando? El me dixo, Es de vnos pajaros que andan de noche en Puerto Viejo y en Tumbez, que muerden a los indios. Venido a aclararse dixo, que hera de pelo de murcielagos. Diziendole, que de donde se podria juntar tanto murcielago? dixo, Aquellos perros de Tumbez y Puerto Viejo que avian de hazer sino tomar destos para hazer Ropa a mi padre? Y es ansi questos murcielagos de aquellas partes muerden de noche a los indios y a espanoles y a cavallos, y sacan tanta sangre ques cossa de misterio, y ansi se averiguo ser este vestido de lana de murcielagos, y ansi hera la color como dellos del vestido, que en Puerto Viejo y en Tumbez y sus comarcas ay gran cantidad dellos Pues acontescio vn dia que viniendose a quexar vn indio que vn espanol tomava vnos bestidos de Atabalipa, el marquez me mando fuesse yo a saver quien hera y llamar al espanol para castigallo. El indio me lleva a vn buhio donde avia gran cantidad de petacas, porquel espanol ya nera ydo, diciendome que de alli avia tomado vn bestido del senor; e yo preguntandole que que tenian aquellas petacas, me mostro algunas en que tenian todo aquello que Atabalipa avia tocado con las manos, y avia estado de pies, y vestidos que el avia deshechado; en vnas los junquillos que le hechavan delante a los pies quando comia; en otras los guessos de las carnes o aves que comia, que el avia tocado con las manos; en otras los maslos de las mazorcas de mahiz que avia tomado en sus manos; en otras las rropas que havia deshechado: finalmente todo aquello que el avia tocado. Preguntelee, que para que tenian aquello alli? Respondieronme, que para quemallo, porque cada ano quemavan todo esto, porque lo que tocavan los senores que heran hijos del sol, se avia de quemar y hazer seniza y hechallo por el ayre, que nadie avia de tocar a ello; y en guarda desto estava vn prencipal con indios que lo guardava y rrecoxia de las mugeres que les servian. Estos senores dormian en el suelo en vnos colchones grandes de algodon: tenian vnas ffrecadas grandes de lana con que se cubijaban: y no e visto en todo este Piru indio semejante a este Atabalipa ni de su ferocidad ni autoridad. No. X.
Contemporary Accounts Of The Execution Of Atahuallpa.
[The following notices of the execution of the Inca are from the hands of eyewitnesses; for Oviedo, though not present himself, collected his particulars from those who were. I give the notices here in the original, as the best authority for the account of this dismal tragedy.] Pedro Pizarro, Descubrimiento y Conquista de los Reynos del Peru, Ms. Acordaron pues los officiales y Almagro que Atabalipa muriese, tratando entre si que muerto Atabalipa se acababa el auto hecho acerca del esoro. Pues dixeron al Marquez don Francisco Picarro que no convenia que Atabalipa biviese; porque si se soltava, S. Mag. perderia la tierra y todos los espanoles serian muertos; y a la verdad, si esto no fuera tratado con malicia, como esta dicho, tenian Razon, porque hera imposible soltandose poder ganar la tierra. Pues el marquez no quiso venir en ello. Visto esto los oficiales hizieronle muchos rrequerimientos, poniendole el servicio de S. Mag. por delante. Pues estando asi atravesose vn demonio de vna lengua que se dezia ffelipillo, vno de los muchachos que el marquez avia llevado a Espana, que al presente hera lengua, y andava enamorado de vna muger de Atabalipa, y por avella hizo entender al marquez que Atabalipa hazia gran junta de gente para matar los espanoles en Caxas. Pues sabido el marquez esto prendio a Challicuchima que estava suelto y preguntandole por esta gente que dezia la lengua se juntavan, aunque negava y dezia que no, el ffelipillo dezia a la contra trastornando las palabras dezian a quien se preguntava este casso. Pues el marquez don Francisco Picarro acordo embiar a Soto a Caxas a saver si se hazia alli alguna junta de gente, porque cierto el marquez no quisiera matalle. Pues visto Almagro y los oficiales la yda de Soto apretaron al marquez con muchos rrequirimientos, y la lengua por su parte que ayu dava con sus rretruecos, vinieron a convencer al marquez que muriese Atabalipa, porque el marquez hera muy zeloso del servicio de S. Mag. y ansi le hizieron temer, y contra su voluntad sentencio a muerte a Atabalipa mandando le diesen garrote, y despues de muerto le quemasen porque tenia las hermanas por mugeres. Cierto pocas leyes avian leido estos senores ni entendido, pues al infiel sin aver sido predicado le davan esta sentencia. Pues el Atabalipa llorava y dezia que no le matasen, que no abria yndio en la tierra que se meneasse sin su mandado, y que presso le tenian, que de que temian? y que si lo avian por oro y plata, que el daria dos tanto de lo que avia mandado. Yo vide llorar al marques de pesar por no podelle dar la vida, porque cierto temio los requirimientos y el rriezgo que avia en la tierra si se soltava. Este Atabalipa avia hecho entender a sus mugeres e yndios que si no le quemavan el cuerpo, aunque le matassen avia de bolver a ellos, que el sol su padre le rresucitaria. Pues sacandole a dar garrote a la plaza el padre fray Vicente de Balverde ya dicho le predico diziendole se tornase cristiano: y el dixo que si el se tornava christiano, si le quemarian, y dixeronle que no: y dixo que pues no le avian de quemar que queria se baptizado, y ansi fray Vicente le baptizo y le dieron garrote, y otro dia le enterraron en la en la yglesia que en Caxamalca teniamos los espanoles. Esto se hizo antes que Soto bolviese a dar aviso de lo que le hera mandado; y quando vino truxo por nueva no aver visto nada ni aver nada, de que al marquez le peso mucho de avelle muerto, y al Soto mucho mas, porque dezia el, y tenia rrazon, que mejor ffuera embialle a Espana, y que el se obligara a ponello en la mar: y cierto esto fuera lo mejor que con este indio se pudiera hazer, porque quedar en la tierra no convenia: tambien se entendio que no biviera muchos dias, aunque le embiara. porque el hera muy regalado y muy senor.
Relacion del Primer Descubrimiento de la Costa y Mar del Sur, Ms. Dando forma como se llevaria Atabalipa de camino, y que guardia se le pondria, y consultando y tratando si seriamos parte para defenderle en aquellos pasos malos y rios si nos le quisiesen tomar los suyos: comenzose a decir y a certificar entre los Indios, que el mandaba venir grand multitud de gente sobre nosotros: esta nueva se fue encendiendo tanto, que se tomo informacion de muchos senores de la tierra, que todos a una dijeron que era verdad, que el mandaba venir sobre nosotros para que le salvasen, y nos matasen si pudiesen, y que estaba toda la gente en cierta provincia ayuntada que ya venia de camino. Tomada esta informacion, juntaronse el dicho Gobernador, y Almagro, y los Oficiales de S. Mag. no estando ahi Hernando Pizarro, porque ya era partido para Espana con alguna parte del quinto de S. Mag. y a darle noticia y nueva de lo acaecido; y resumieronse, aunque contra voluntad del dicho Gobernador, que nunca estubo bien en ello, que Atabalipa, pues quebrantaba la paz, y queria hacer traicion y traher gentes para matar los cristianos, muriese, porque con su muerte cesaria todo, y se allanaria la tierra: a lo cual hubo contrarios pareceres, y la mas de la gente se puso en defender Almagro, y dando muchas razones por que debia morir, el fue muerto, aunque para el no fue muerte, sino vida, porque murio cristiano, y es de creer que se fue al cielo. Publicado por toda la tierra su muerte, la gente comun, y de pueblos venian donde el dicho Gobernador estaba a dar la obediencia a S. Mag.; pero los capitanes y gente de guerra que estaban en Xauxa y en el Cuzco, antes se rehicieron, y no quisieron venir de paz. Aqui acaecio la cosa mas estrana que se ha visto en el mundo, que yo vi por mis ojos, y fue; que estando en la iglesia cantando los oficios de difuntos a Atabalipa, presente el cuerpo, llegaron ciertas senoras hermanas y mugeres suyas, y otros privados con grand estruendo, tal que impidieron el oficio, y dijeron que les hiciesen aquella fiesta muy mayor, porque era costumbre cuando el grand senor moria, que todos aquellos que bien le querian, se enterrasen vivos con el: a los cuales se les respondio, que Atabalipa habia muerto como cristiano, y como tal le hacian aquel oficio, que no se habia de hacer lo que ellos pedian, que era muy mal hecho y contra cristianidad; que se fuesen de alli, y no les estorbasen, y se le dejasen enterrar, y ansi se fueron a sus aposentos, y se ahorcaron todos ellos y ellos. Las cosas que pasaron en estos dias, y los extremos y llantos de la gente son muy y largas prolijas, y por eso diran aqui.
Oviedo, Historia General de las Indias, Ms., lib. 46, cap. 22. Cuando el Marques Don Francisco Pizarro tubo preso al gran Rev Atabaliva le aconsejaron hombres faltos de buen entendimiento, que le matase, o el obo gana, porque como se vieron cargados de oro parecioles que muerto aquel Senor lo podian poner mas a su salvo en Espana donde quisiesen e dejando la tierra, y que asimismo serian mas parte para se sustener en ella sin aquel escrupuloso impedimento, que no conservandose la vida de un Principe tan grande, e tan temido e acatado de sus naturales, y en todas aquellas partes; e la esperiencia ha mostrado cuan mal acordado e peor fecho fue todo lo que contra Atabaliva se hizo despues de su prision en le quitar la vida, con la cual demas de deservirse Dios quitaron al Emperador nuestro Senor, e a los mismos Espanoles que en aquellas partes se hallaron, y a los que en Espana quedaron, que entonces vivian y a los que aora viven e naceran innumerables tesoros, que aquel Principe les diera; e ninguno de sus vasallos se mobiera ni alterara como se alteraron e revelaron en faltando su Persona. Notorio es que el Gobernador le aseguro la vida, y sin que le diese tal seguro el se le tenia, pues ningun Capitan puede disponer sin licencia de su Rey y Senor de la Persona del Principe que tiene preso, cuyo es de derecho, cuanto mas que Atabaliva dijo al Marques, que si algun Cristiano matasen los Yndios, o le hiciesen el menor dano del mundo, que creyese que por su mandado lo hacia, y que cuando eso fuese le matase o hiciese del lo que quisiese; e que tratandole bien el le chaparia las paredes de plata, e le allanaria las Sierras e los montes, e le daria a el, e a los Cristianos cuanto oro quisiesen, e que desto no tubiese duda alguna; y en pago de sus ofrecimientos encendidas pajas se las ponian en los pies ardiendo, porque digese que traicion era la que tenia ordenada contra los Cristianos, e inventando e fabricando contra el falsedades, le levantaron que los queria matar, e todo aquello fue rodeado por malos e por la inadvertencia e mal Consejo del Gobernador, e comenzaron a le hacer proceso mal compuesto y peor escrito, seyendo uno de los Adalides un inquieto, desasosegado e deshonesto Clerigo, y un Escribano falto de conciencia, e de mala habilidad, y otros tales que en la maldad concurrieron, e asi mal fundado el libelo se concluyo a sabor de danados paladares, como se dijo en el Capitulo catorce, no acordandose que les habian enchido las casas de oro e plata, e le habian tomado sus mugeres e repartidolas en su presencia e usaban de ellas en sus adulterios, e en lo que les placia a aquellos aquien las dieron; y como les parecio a los culpados que tales ofensas no eran de olvidar, e que merecian que el Atabaliva les diese la recompensa como sus obras eran, asentoseles en el animo un temor e enemistad con el entranable; e por salir de tal cuidado e sospecha le ordenaron la muerte por aquello que el no hizo ni penso; y de ver aquesto algunos Espanoles comedidos aquien pesaba que tan grande deservicio se hiciese a Dios y al Emperador nuestro Senor; y aunque tan grande ingratitud se perpetraba e tan senalada maldad se cometia como matar a un Principe tan grande sin culpa. E viendo que le traian a colacion sus delitos e crueldades pasadas, que el habia usado entre sus Yndios y enemigos en el tiempo pasado, de lo cual ninguno era Juez, sino Dios; queriendo saber la verdad e por excusar tan notorios danos como se esperaban que habian de proceder matando aquel Senor se ofrecieron cinco hidalgos de ir en persona a saber y ver si venia aquella gente de guerra que los falsos inventores e sus mentirosas espias publicaban, a dar en los Cristianos; en fin el Gobernador (que tambien se puede creer que era enganado) lo obo por bien; e fueron el Capitan Hernando de Soto, el Capitan Rodrigo Orgaiz, e Pedro Ortiz, e Miguel de Estete, e Lope Velez a ver esos enemigos que decian que venian; e el Gobernador les dio una Guia o Espia, que decia que sabia donde estaban; e a dos dias de camino se despeno la guia de un risco, que lo supo muy bien hacer el Diablo para que el dano fuese mayor; pero aquellos cinco de caballo que he dicho pasaron adelante hasta que llegaron al lugar donde se decian que habian de hallar el egercito contrario, e no hallaron hombre de guerra, ni con armas algunas, sino todos de paz; e aunque no iban sino esos pocos cristianos que es dicho les hicieron mucha fiesta por donde andubieron, e les dieron todo lo que les pidieron de lo que tenian para ellos e sus criados, e Yndios de servicio que llevaban; por manera que viendo que era burla, e muy notoria mentira e falsedad palpable, se tornaron a Cajamalca donde el Gobernador estaba; el cual ya habia fecho morir al Principe Atabaliva se que la historia lo ha contado; e como llegaron al Gobernador hallaronle mostrando mucho sentimiento con un gran sombrero de fieltro puesto en la cabeza por luto e muy calado sobre los ojos, e le digeron: Senor, muy mal lo ha fecho V. Sa, y fuera justo que fueramos atendidos para que supierades que es muy gran traicion la que se le levanto a Atabaliva, porque ningun hombre de guerra hay en el Campo, ni le hallamos, sino todo de paz, e muy buen tratami ento que no se nos hizo en todo lo que habemos andado. El Gobernador respondio e les dijo: Ya veo que me han enganado: desde a pocos dias nabida esta verdad, e murmurandose de la crueldad que con aque Principe se uso, vinieron a malas palabras el Gobernador y fray Vicente de Valverde, y el Tesorero Riquelme, e a cada uno de ellos decia que e otro lo habia fecho, e se desmintieron unos a otros muchas veces, oyendo muchos su rencilla.